1. LA VÍA DE LA RESPUESTA A LA ETERNA PREGUNTA: ¿QUIÉN SOY?

Hemos aparecido en este plano o dimensión en el interior de una familia y, más pronto que tarde, nos hemos preguntado quiénes somos. Ni nuestra cultura, ni tampoco la sociedad que nos rodea están interesadas en la vía del autoconocimiento. Más bien al contrario, no tienen ningún interés en que averigüemos quiénes somos en realidad.

Un camino fundamental a recorrer en esta vida es el que va del «yo» como punto de partida —siempre desconocido— hacia «los otros». Conocernos es similar a conocer el universo en el que habitamos.

Hay otras muchas preguntas sobre si somos verdaderamente humanos, sobre nuestro cerebro, y preguntas esenciales que trataremos de responder en este primer capítulo. Finalmente propondremos un ejercicio: «tu jardín interior».

1.1. El camino del autoconocimiento

«Cada uno de nosotros está en la tierra
para descubrir su propio camino,
y jamás seremos felices si seguimos el de otro».

James van Praagh

Un día tomamos conciencia de que no sabemos casi nada profundo de nosotros mismos. Ese día nos convertimos en buscadores e iniciamos el viaje más útil que como exploradores podemos hacer. Pero ¿en qué dirección? A una montaña podemos subir por un sendero u otro, los caminos de acceso pueden ser infinitos, pero, ¿podremos subir por dos al mismo tiempo?

Este es un viaje en el que no se necesitan maletas, no hay que desplazarse a ningún lugar. Pero, por esa misma razón, también es el más difícil.

Explorar nuestro interior es lo más parecido que hay a explorar el universo. En este camino conviene tener presente la siguiente cita sufí: «El que se conoce a sí mismo conoce a su Señor». 

Es cierto que los maestros son fundamentales y pueden acompañarnos en la parte del camino que conocen. Pero ellos solo pueden mostrarnos las puertas que debemos abrir, en ningún caso pueden abrirlas por nosotros.

Recordemos también que por muy sabia que sea, ninguna persona puede conocernos mejor que nosotros mismos. Desconfiemos de los «gurús» y tratemos de descubrir a qué hemos venido al mundo. Pasemos a la acción.

Aprendamos a reconocer el contenido de nuestra propia «sombra», lo que ocultamos y negamos. Aquello que nos molesta exageradamente.

Ayudémonos de herramientas que hayan mostrado su eficacia en esa búsqueda. ¡A cada cual su herramienta! Y por supuesto, seamos capaces de «poner en cuestión» y de extraer nuestras propias conclusiones.

Las teorías son infinitas, pero en este camino por el que transitamos solo cuenta aquello que podamos experimentar por nosotros mismos. No existe ninguna universidad del autoconocimiento que sea externa a uno mismo.

A decir de los sufís, el único pecado del que podemos arrepentirnos es el de perder el tiempo. La vida es demasiado valiosa para desperdiciarla. 

1.2. Definirte a ti mismo

«Amarse a uno mismo es el principio
de una historia de amor eterna».

Oscar Wilde

Cuando hables de ti mismo, recuerda:

Honrar tu pasado; cada episodio vivido con mayor o menor fortuna, ha servido de peldaño para llegar a donde hoy estás.

También honrarás tus orígenes. Tu familia y tu tierra natal, estés donde estés, siempre serán las raíces que te sostienen.

Y cada vez que te definas, olvídate de compararte con nadie. Eres único e irrepetible, cualquier comparación, más que aclarar, enturbiará injustamente tu esencia genuina.

También valorarás cada rincón de la geografía de tu cuerpo. Gracias a él, tu conciencia se expresa en este mundo, te relacionas y vives. Devaluarlo solo trae aislamiento y enfermedad.

Reconocer tus logros, no como una exhibición de trofeos, sino como un acto motivador para los que vienen detrás.

También reconocerás tus errores, agradeciendo el poder que ellos han tenido como fuente de aprendizaje.

Evitar definiciones categóricas sobre rasgos de tu personalidad, usando etiquetas del tipo «soy tímido». Si has de hablar de tu timidez, acota la definición: «una parte de mí en tales circunstancias, siente vergüenza».

También evitarás anticipar tus peores futuros. Los pensamientos anticipatorios tienen un gran poder de programación; las llamadas «profecías autocumplidas» funcionan así.

Valorar esos dones con los que naciste; no pecarás de arrogancia, sino que venerarás la gracia con que la naturaleza te dotó.

Cada vez que te definas cambia el verbo «ser» por el verbo «estar» («soy ansioso» -> «estoy ansioso»); tenemos la posibilidad de transformarnos constantemente, no nos encerremos entre los barrotes de una definición inamovible.

1.3. Conócete y conoce el universo

«La poesía es el eco de la melodía del universo
en el corazón de los humanos».

Rabindranath Tagore

¡Con el universo hemos topado! Sin duda lo estudiamos para tratar de averiguar quiénes somos, ¿con qué otro objetivo si no?

Las siguientes citas y reflexiones se inspiran en esta búsqueda sin fin:

A pesar de lo poco que de él conocemos, menos de un cinco por ciento, no hay duda de que podemos considerarlo como nuestra verdadera patria.

El universo es una fiera salvaje sobre la que cabalgamos y avanzamos. En ese viaje, nos dejamos llevar, porque resulta imposible conducirlo por la fuerza de nuestros deseos.

Somos universo. Una bella idea es creer que formamos parte de una enorme orquesta cósmica, en la que cada instrumento viviente es esencial para la complementariedad y la armonía del conjunto.

Aunque desconozcamos si hay un plan, es probable que este —tal y como afirma Alejandro Jodorowsky— sea el de crear conciencia.

No necesitamos enviar al hombre al espacio sideral, ni sacarlo de su país o de su casa para someterlo a las influencias cósmicas. El hombre está siempre en el centro del universo, ya que el universo está en todas partes, decía Giorgio Piccardi.

¿Nos hemos preguntado alguna vez sobre lo que vemos cuando miramos hacia el cielo? Si viéramos realmente el universo, afirmaba Jorge Luis Borges, tal vez lo entenderíamos.

Somos un pedazo del universo hecho vida y el único rincón que podemos mejorar, como apuntaba Aldous Huxley, somos nosotros mismos.

1.4. Tu cerebro

«Todo hombre puede ser, si se lo propone,
escultor de su propio cerebro».

Santiago Ramón y Cajal

Las neuronas de nuestro cerebro, si las pusiéramos en fila india, supondrían unos 1.000 kilómetros, 100.000 millones, igual al número de estrellas de nuestra galaxia.

Nuestro cerebro es el 2% de nuestro peso, pero consume casi una cuarta parte de toda la energía que producimos. 

El cerebro es una red en la que su cableado cambia cuando aprendemos algo nuevo. Lo más importante son las relaciones entre sus zonas. 

El cerebro no siente dolor, a pesar de ser el órgano rector del sistema nervioso central, porque no hay terminaciones nerviosas.

Formado por dos hemisferios, el izquierdo es el de la mente pequeña y el derecho es el de la gran mente. 

El hemisferio izquierdo trabaja analíticamente con limitaciones. El derecho es el de la creatividad, la intuición, sin fronteras ni límites. El verdadero poder surge cuando trabajan las dos partes simultáneamente. 

Hay que retar al cerebro para evitar que haga siempre lo mismo y de la misma forma. Ser capaces de abrir nuevas puertas en nuestra vida.

Unas células que tiene el cerebro funcionan como espejos. La función de estas es socializar y establecer relaciones de empatía con el otro. 

El cerebro adulto continúa generando neuronas durante toda la vida. Ocurre en una región cerebral vinculada a la memoria y el aprendizaje. 

Cuando nos enamoramos (también en el parto), el cerebro segrega una hormona llamada oxitocina que favorece los lazos amorosos.

Como el cerebro es infinito, también son infinitas las cosas que podemos llegar a aprender si mantenemos abierta nuestra curiosidad.

1.5. ¿Eres humano?

«Soy hombre,
nada humano me es ajeno».

Terencio

Actualmente, las autoridades de muchos países hacen un test sobre cultura general a todo el que solicita la nacionalidad. Además de reunir los requisitos que exige la ley, es preciso conocer la historia del país, su constitución, las costumbres, etc.

□ Lo que aquí proponemos es un test para ver si somos humanos y de ese modo podríamos adquirir la nacionalidad terráquea, la que es nuestra verdadera patria.

□ Para ello, marca las afirmaciones que consideres verdaderas:

□ Acepto cometer errores, fracasar, perder.

□ La educación, sociedad y cultura me convierte en bonsái, me cortan las ramas para que no crezca. Me convierto en humano en la medida que soy capaz de liberarme.

□ Soy capaz de atender a los mensajes de mis órganos y de satisfacer las necesidades de todo mi cuerpo.

□ Me guía más la intuición que la razón. Impido que las creencias de otros me eduquen y me condicionen.

□ Reconozco y conecto con la divinidad que hay en mí.

□ Me siento parte del planeta en el que vivo, nuestra casa común, lo cuido tal como me cuido a mí mismo.

□ Las guerras son un enorme negocio económico, encubierto por banderas de los distintos países.

□ Tarde o temprano todos los humanos nos uniremos por mezcla en una raza única. Como humanos, dejaremos de competir y empezaremos a colaborar.

□ La afirmación de que «todos somos iguales» es tóxica. En realidad, todos somos distintos, pero colaborando.

□ Ser y hacer me convierte en humano. Estar y parecer me aleja de la humanidad.

1.6. Preguntas esenciales

«Preguntaba el monje:
“Todas estas montañas, y estos ríos,
y la tierra, y las estrellas… ¿De dónde vienen?”.
Y preguntó el maestro:
“¿Y de dónde viene tu pregunta?”».

Anthony De Mello

A partir de las preguntas hemos de encontrar nuestras propias respuestas porque son las únicas que nos servirán. No nos valen las de otros

¿Cómo te muestras? Nos referimos más bien a nuestra apariencia física, nuestro carácter, a la particular forma que tenemos de entrar en acción. El aspecto físico, el rostro, la manera de gesticular, el tipo de movilidad. Tal vez no puedas verte a ti mismo, pero puedes preguntar a tus amigos cómo te ven.

¿Qué necesitas? En nuestra más tierna infancia, son necesarias, casi fundamentales, grandes dosis de cariño para poder crecer. Incluso es mejor, en el caso de que podamos elegir, el exceso que quedarnos cortos. Nunca se debería jugar con las necesidades de carácter ineludible, lo que mejor podemos hacer es satisfacerlas.

¿Cómo te comunicas? Nos referimos a nuestra forma de escuchar y de hablar. Nuestra comunicación sencilla, próxima. ¿Lo hemos consultado alguna vez con el periodista que llevamos dentro?

¿Cuál es tu base? Nuestra base es también nuestra intimidad. Nacer supone aterrizar en un lugar concreto. El tema del origen propio traducido en la pregunta: «¿De dónde venimos?». Lo que llaman «patria» no deja de ser solo un pedazo de tierra que después permitirá impulsarnos hacia nuestro destino. En realidad, pocos son los pájaros que se quedan a vivir en el nido donde nacieron.

¿Conoces tu fuente creativa? Con «fuerza creativa» nos estamos refiriendo a todos nuestros placeres, a todo aquello que en verdad nos gusta, incluso a los trabajos que hacemos sin ninguna remuneración económica. Para descubrirla es necesario volver a entrar en contacto con el niño que se esconde en nuestro interior: Con su forma de divertirse, con el juego, sus aficiones, etc. ¿Qué estamos haciendo con lo que tenemos? Es probable que nuestros problemas de autoestima estén conectados con los recursos creativos que tenemos disponibles y no usamos.

¿Percibes tus límites? El trabajo es una limitación personal, por tanto, cumplir con nuestras obligaciones supone una pérdida de libertad. Nuestras conductas muchas veces se limitan a unos patrones impuestos por el ambiente, fruto de los condicionamientos a los que nos vimos expuestos en nuestra infancia, condicionamientos en forma de leyes básicas, tal vez no escritas, pero que debían seguirse. Otro límite lo encontramos con la enfermedad. Compensamos los excesos de una u otra manera, por eso la enfermedad —como aliada y no como enemiga— nos confronta con nuestros límites. A ella conviene no darle ningún protagonismo para evitar fortalecerla.

¿Quiénes son los otros? Muchas veces proyectamos sobre los demás todo aquello que no deseamos ver en nosotros. Podríamos decir que «los otros» son un espejo. Cuando vayamos más allá de nuestra propia piel habrá que buscar alianzas y ajustes con los socios que vayamos encontrando. Por supuesto, también habrá que lidiar con los conflictos que se originen. En cualquier caso, no rechacemos nada de lo que la vida nos ponga delante ya que los adversarios, enemigos o rivales, son los que precisamente nos harán crecer. Por último, tu pareja es, o debería ser, tu cómplice en la aventura de la vida.

¿Qué necesita él/ella de ti? Algo que no deberíamos olvidar al tratar de responder esta pregunta es que se trata de una visión subjetiva de las necesidades tanto de los otros como las de nuestra pareja. Por tanto, tratando de satisfacer dichas necesidades podemos pasarnos o quedarnos cortos. ¿Qué aportamos a nuestra relación de pareja? ¿Existe un equilibrio entre el dar y el recibir? ¿Somos conscientes de lo que nuestra pareja necesita de nosotros de forma ineludible? 

¿Hacia dónde viajar? ¿En qué creer? Es probable que el auténtico viaje exterior siempre vaya acompañado de un viaje hacia dentro, más complejo y transformador. Cuando viajamos hacia fuera, tal vez el país extranjero solo sea una metáfora de lo nuevo por descubrir, del abandono de lo viejo. Y aunque es cierto que todo puede ser un maestro y que de todo podemos aprender, preguntémonos si ya hemos conectado con nuestro maestro interior, ese que todos llevamos dentro y se resiste a mostrarse. Sean cuales sean nuestras ideas, lo único seguro es que también viajamos con ellas, pudiendo condicionarnos mucho más de lo que estamos dispuestos a aceptar.

¿Te conocen a través de tu obra? ¿Te has preguntado si obtienes o no reconocimiento del «mundo»? En nuestros actos en el mundo buscamos «el premio». Tiene su lógica ya que, como mamíferos, durante nuestra infancia necesitamos de las caricias de la madre y su aplauso. Más tarde, pasamos a exigir al mundo aquello que nuestra madre nos daba o no nos daba. Si durante nuestra infancia nos sobreprotegieron y transmitieron temor, nos quedará una sensación de miedo a la vida.

¿Obtienes tu recompensa? Nos estamos preguntando sobre los resultados de nuestra acción en el mundo. ¿Qué es lo que hemos conseguido? Aplausos, relaciones sociales, amigos, etc. La amistad nunca es una relación exclusivista, siempre admite una multiplicación de sus integrantes. El premio consiste en sentir que pertenecemos al grupo, sentirnos admitidos e integrados, poder establecer un vínculo horizontal con el entorno, de ahí que las palabras camaradería, amigos y libertad sean valores relacionados con esta pregunta.

¿Qué te ocultas a ti mismo? Nuestra sociedad nos enseña a «no mirar hacia dentro». Consideramos negativo todo aquello que no puede ser planificado ni regulado. Por ese motivo, aprendemos desde pequeños a controlarlo todo, incluso aquellas cosas que funcionan mejor cuando las tomamos tal y como vienen. ¿Qué hacer entonces con los sueños y el simbolismo onírico? Los mensajes que nos llegan a través de ellos, que vienen de un pozo insondable donde está todo lo que no entendemos de nosotros mismos, pueden tener mucho valor en nuestra vida cotidiana. El premio parece ser la posibilidad de encontrarnos con nuestro ser esencial, ejercicio para el que resulta indispensable enfrentarse con la propia soledad. Ninguna respuesta que no provenga de uno mismo resultará útil.

1.7. Ejercicio: Tu jardín interior.

«No pienses que el jardín pierde su éxtasis en invierno.
Es silencioso, pero sus raíces están ahí debajo».

Rumi

Toma un papel en blanco y unos lápices o rotuladores de colores.

En ese lienzo proyectarás tu mundo interior utilizando la metáfora del jardín. Relájate y proponte ser espontáneo, no esperes que nada suceda, ni impidas que suceda lo que tenga que suceder.

Para empezar, divide el terreno en cinco arriates: uno en el centro y cuatro en torno a este en las formas y tamaños que vayan saliendo.

En el arriate del centro dibuja (utilizando elementos de un jardín: plantas, árboles, frutos, hierbas, piedras, etc.) cómo te sientes contigo mismo, con tu mente, tu cuerpo, tu salud, tus emociones…

En el arriate de arriba a la derecha, dibuja igualmente con elementos de jardín, cómo te sientes con tus responsabilidades (trabajo, estudios, tareas domésticas, compromisos…).

En el arriate de arriba a la izquierda, dibuja simbólicamente cómo te sientes con tus actividades de ocio y tus amigos (aficiones, juegos, reuniones sociales…).

En el arriate de abajo a la izquierda, dibuja siguiendo la metáfora del jardín, cómo te sientes con tu familia tanto la de origen como la que has creado o quieres crear.

En el arriate de abajo a la derecha, haz el dibujo de cómo te sientes respecto a tu pareja y/o relaciones muy íntimas de amistad.

Contempla tu obra con amor por unos minutos, atendiendo plenamente a lo que los detalles y la imagen completa te inspiren.

Agradece todo lo bello y fructífero que aparece en tu jardín interior y proponte con compasión entregarte con más empeño a aquellas zonas que necesiten más atención y cuidado.

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