LO QUE KIKO APRENDIÓ DE SU ZAPATO

La creatividad de los psicomagos no debería tener límites. Una a una, van despojando las capas de identidades falsas con que cubrieron a los consultantes sus respectivas familias. Caparazones pesados que les impiden vivir con autenticidad. Hoy Ignacio tratará la relación entre el dinero y el sufrimiento para ganarlo, mientras que Estrella profundizará sobre la obediencia del cuerpo a las órdenes paternas.

Los ordenadores de los dos arbolistas se conectaron a través de un puente invisible, que se activa y desactiva a completa voluntad.

Un abrazo para la sabia arbolista que introduce nuevos materiales en los actos psicomágicos. El plomo en la suela de los zapatos es un peso que obligará a recordar continuamente a tu consultante que las prisas no son tan necesarias como nos hacen creer.

Recuerdo aquel amigo que siempre llevaba los mismos zapatos durante muchos años, los mandaba reparar para poder seguir usándolos. Decía que en esos zapatos estaba toda su infancia, por eso no quería desprenderse de ellos.

Lo que voy a contarte también se relaciona con los zapatos, pero en otra forma. Resulta que Kiko, por su trabajo conectado con el mundo del diseño, en ocasiones asesora a importantes empresas y una hora de su trabajo vale mucho dinero. Me confiesa que le cuesta horrores cobrar ese dineral por una hora, que en el fondo sabe que tiene un problema con el dinero y le gustaría resolverlo.

Le he dicho que es sencillo, en su familia de agricultores se trabajaba de sol a sol. Había una idea de dinero digno, el ganado con mucho sudor y sufrimiento que le transmiten todos sus ancestros. Esa idea se enfrenta a su realidad actual, la del dinero fácil y abundante que fluye sin cesar.

Le propongo que cuando esté en esas sesiones de una hora que cuestan tanto dinero, debe llevar dentro de sus zapatos dos pequeñas piedras que le van a molestar al andar. Entonces observará como a la hora de cobrar lo hace sin problemas, porque habrá añadido el ingrediente que faltaba según su creencia inconsciente: el sufrimiento. Bajo ningún pretexto debe quitarse esas piedras, hasta que supere su problema.

Me contesta que intuye que algo de eso hay.

Uno, dos, tres… doce y trece escalones. Saca la llave y abre la puerta de entrada a su apartamento y, con el dedo índice derecho en posición de encender, Estrella se acerca a su portátil con ganas de comunicarse con su amigo Ignacio.

Es muy bueno ese acto de “la chinita en el zapato”. Nada mejor para aprender que recibir con el cuerpo la información, con dolor o con placer, asociada a otro tipo de mensaje. Sobre ello hay construida toda una teoría.

Hablando del cuerpo, hoy ha sido el primer día que mi consultante me ha dado un no rotundo a mi propuesta psicomágica. Hablando del ego material, se me quejaba de su delgadez, sobre todo de sus pechos poco desarrollados que, a veces, le hacían sentirse inferior al resto de mujeres. Ya sabemos que Marina, la mayor de su hermandad, fue deseada como chico y, además, también hemos reparado en que su padre le transmitió la idea de que ser mujer era un error de la naturaleza, por lo de emocionales, sensibleras y ñoñas. Esto produce un efecto inmediato en el desarrollo puberal de la hija y uno de los efectos es que las mamas se quedan infantiles, como a medio camino de su desarrollo. Ante la queja de Marina, le dije que conocía un remedio psicomágico infalible para hacer crecer las mamas en sólo veintiún días. Consiste en aplicarte grasa de vaca que deberás comprar en un matadero en ambos pechos y luego cubrírtelos con piel de ubre seca. Dormirás con esa cataplasma las veintiuna noches. La mente de Marina es muy rápida. Se imaginó lo que suponía todo eso en milésimas de segundos: “nada de eso, prefiero quedarme con mis dos benditos senos del tamaño exacto que tienen ahora, que tampoco están nada mal”. Terminamos con una carcajada.

La verdad es que mi intención era esa, transformar la queja en la risa, la devaluación en agradecimiento. Eso también es magia.

Ignacio cuenta una historia relativa al dinero:

La magia tradicional siempre ha usado ese mismo principio que has aplicado de forma tan sabia con Marina. Formulando ejercicios que resultaban tan extremadamente difíciles, tanto que el consultante los daba por imposibles y acababa aceptando su realidad.

Antes de apagar el ordenador me apetece contarte un cuento en el que se demuestra que no todo se puede comprar con dinero. Muy útil para los que están apegados a lo material.

“La muerte se presentó frente a un rico terrateniente y le dijo que su tiempo en esta vida se había terminado. Este reaccionó con rapidez y trató de comprar con la mitad de su fortuna una hora más.

La muerte no aceptó.

A continuación, el terrateniente ofreció toda su fortuna por un minuto más de vida.

La respuesta de la muerte fue otro rotundo no”.

De ahí queda la enseñanza de que debemos aprovechar nuestro tiempo en la vida, porque cuando llegue nuestra hora, ni todo el dinero del mundo nos permitirá vivir un minuto más.

El cuento actúa como un “acto psicomágico”, viene a ser un caballo de Troya llevando información encubierta al inconsciente.

Este cuento también me sirve para darte las buenas noches.

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